Te veo llorar y me pregunto: "¿por qué no lloro?"
Al ser materialista filosófico, para mí el mundo material siempre antecederá las ideas. Quiero creer que todos nos hemos llegado a preguntar en ciertas situaciones: “¿Por qué me siento así?”, “¿Por qué estoy reaccionando, o por qué reaccioné así ante tal situación específica?”, “¿Por qué es tan difícil no sentir cosas que no quiero sentir?”.
Quizás ya un poco proyectándome, me he llegado a preguntar: “Te veo llorar, ¿pero por qué no lloro yo?”.
Pero, ¿realmente es nuestra culpa sentir o no sentir? ¿Por qué pasa esto?
A continuación presento mi teoría de por qué puede estar pasando algo así:
Creo que muchas veces nuestras emociones no son respuestas conscientes ni racionales, sino atajos bioquímicos que nuestro cuerpo ha aprendido a tomar. Sentimos lo que sentimos porque, en términos energéticos, eso es lo que nuestro sistema encontró más eficiente.
Esto respaldado por fuentes como:
brain as a prediction machine
Las emociones básicas (miedo, ira, tristeza, alegría, asco, sorpresa) evolucionaron como mecanismos rápidos de decisión. Sentir miedo frente a una amenaza activa una respuesta corporal (huida o lucha) sin necesidad de pensar mucho: esto ahorra tiempo y energía. En ese sentido, sí, las emociones están optimizadas para eficiencia adaptativa.
Según teorías actuales como la del "brain as a prediction machine", tu cerebro intenta anticipar lo que va a pasar basándose en experiencias pasadas y en patrones internos. Esto ahorra energía, porque predecir y confirmar es menos costoso que procesar todo desde cero. Las emociones pueden verse como parte de este sistema de predicción eficiente.
Lisa Feldman Barrett
Lisa Feldman Barrett y la teoría de la emoción construida sugiere que las emociones no son reacciones fijas, sino construcciones del cerebro basadas en contexto, memoria, lenguaje y eficiencia energética. Es decir, las emociones son construcciones contextuales destinadas a optimizar la respuesta biológica con el menor esfuerzo posible.
https://academic.oup.com/scan/article/12/1/1/2823712
https://www.psychologytoday.com/us/blog/finding-purpose/202201/the-brain-prediction-machine-the-key-consciousness
Quizás tu tristeza es una descarga mínima para evitar una crisis mayor. Quizás no lloras porque tu cuerpo ya aprendió que eso no cambia nada. Y entonces, lo que interpretamos como “desconexión emocional” es solo una optimización inconsciente del cuerpo.
Eso no nos exime de responsabilidad, pero sí nos da perspectiva. Lo emocional no está fuera de lo material.
Desde la dialéctica materialista, esto tiene todo el sentido: el cuerpo es parte del mundo material y está condicionado por él. Las emociones, lejos de ser abstractas, son respuestas estructuradas por las condiciones históricas, sociales, económicas y corporales. No son causas: son consecuencias.
Spinoza lo pone claro: la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino entender por qué uno hace lo que hace. Cuando no entendemos por qué reaccionamos de cierta forma, lo llamamos “azar” o “culpa”. Pero si entendemos que lo hacemos porque nuestro cuerpo aprendió a hacerlo así, porque ese fue el camino menos costoso, entonces dejamos de castigarnos por sentir (o no sentir).
Y Merleau-Ponty nos recuerda que no tenemos un cuerpo:
somos nuestro cuerpo. Y lo que llamamos emoción no es una ocurrencia mágica, sino una forma corporal de estar en el mundo. Si no siento lo que otros sienten, es porque mi cuerpo ha estructurado el mundo de otra manera. No como error, sino como historia.
Así que no, no creo que nuestras emociones sean decisiones racionales ni misterios divinos. Son formas materiales de existir, optimizadas por causas que rara vez vemos a simple vista. Entenderlas no nos evita sentirlas, pero sí nos permite habitarlas con más conciencia y menos culpa.
Así que cuando me veo en esa contradicción de pensar: “¿por qué me siento así?”, o “¿por qué no lloro, si todo me dice que debería?”, trato de recordar esto: el cuerpo elige el camino que aprendió como el más útil, no el más estético ni el más emotivo. Sentir no es elegir. Pero entender por qué sentimos… quizá sea el primer paso para no juzgarnos por ello.
Comentarios
Publicar un comentario