Paseando por la calle, observé un lugar que no visitaba hace mucho, probablemente la última vez que lo hice fue con mi mejor amigo de la infancia. A día de hoy “pasaron cositas” que hicieron que esa amistad pasara por una curva de malas experiencias para culminar en la indiferencia del olvido.
¿Pero el buen recuerdo que me generó pasar por ese lugar, acompañó a esa amistad para terminar en el mismo destino? ¿O los recuerdos poseen emociones intrínsecas que trascienden las experiencias a posteriori?
Aquí abro un paréntesis para explicar a quien no conozca los términos: “a priori” y “a posteriori”. Si ya estás familiarizado, omite el siguiente párrafo.
Estos son términos usados en la filosofía racionalista, acuñados por el filósofo Kant. Y como su fonética nos avisa, “a priori” se refiere a los juicios hechos “a primero” para hechos realizados después.
Por ejemplo: a priori siempre preferiré el sabor chocolate en la comida, sobre el de fresa. Esto quiere decir que con el conocimiento que poseo hasta ahora sobre lo que para mí es “toda la comida” prefiero el sabor chocolate, pero me abro la posibilidad a descubrir un nuevo alimento el cual lo prefiera sabor a fresa que anule mi preferencia anterior. En ese caso hice una elección “a priori”: elegí primero, y experimenté después.
A posteriori, es posterior a la experiencia.
Por ejemplo: mi helado favorito entre fresa y chocolate es chocolate a posteriori. Esto quiere decir que antes de probar ambos sabores no tenía preferencia por ninguno, o era el de fresa, pero después de probar ambos (posterior a probarlos) decidí mi sabor favorito (chocolate).
Un recuerdo se crea en un punto y momento específico en el tiempo relativo al sujeto que lo experimenta, y ya no se puede volver a ese momento por más que queramos, pero conservamos dos cosas de esa experiencia: el recuerdo y la emoción (aunque se podría debatir que el sentimiento está determinado por las condiciones del recuerdo, por temas prácticos los aislaremos).
A su vez, estas tres partes (momento, recuerdo y emoción) actúan como cadenas de significados y significantes.
Segundo paréntesis para “significado y significante”.
El significante es todo aquello que hace referencia a una idea, concepto o imagen mental, y el significado es eso: la idea, concepto o imagen mental.
Por ejemplo, la palabra “casa”, al leerla, te hace pensar en el concepto de casa, y en tu mente puedes visualizar una casa. Pero no solo la palabra escrita “casa” es el significante de casa. El sonido “casa”, “house”, “ejemplo”, “ejemplo”, tanto visualmente como fonéticamente, son significantes para el mismo significado. Incluso si ves una imagen de una casa o ves una casa en sí y te hace pensar en el concepto de casa, es un significante de casa.
En resumen, todo lo que referencia a un significado específico es un significante.
En este sentido, el recuerdo actúa como significante al momento, y a su vez el momento actúa como significante a una emoción.
Está claro que el significante cambia fácilmente, ¿pero puede cambiar el significado?
¿Puede el mismo recuerdo del mismo momento despertar una emoción distinta?
Yo creo que sí puede, a posteriori.
Es común ver la clásica historia de la dama enamorada de un chakalillo o alucín, donde por alguna razón le parece atractivo que esta pareja se drogue, idolatre gente de moral cuestionable y sus "metas claras" sean comprarse una moto en Elektra o una botella con un precio inflado que ni les gusta el sabor. Pero como ven que sus ídolos la presumen en videos, pues...
¿Qué pasa aquí?
Que mientras la relación se mantenga en pie, para la dama, este sujeto de alto valor le generará experiencias que interpretará como buenos recuerdos:
“qué romántico cuando fuimos a las miches en su moto sin casco y en contraflujo”, pensará.
Pero cuando inevitablemente llegue este momento de iluminación, donde se dé cuenta de que quizás vivir encima de la casa de sus suegros, tener problemas de salud y tener de pareja a alguien que cualquier día pueden meter preso, no es la mejor de las vidas que puede tener... la relación termina.
Ella sigue con problemas de salud por llevar una mala alimentación, ser afectada por consumo pasivo de drogas y no tener hogar.
El nombre de su príncipe azul seguirá despertando el mismo recuerdo de su cita en moto en dirección a un puesto de micheladas, pero el sentimiento no será el mismo: pasará a despertar arrepentimiento, rencor, decepción, etc.
Un mismo recuerdo que antes despertaba emociones positivas, se resignificó a emociones negativas.
Es por eso que sí pueden resignificarse los recuerdos a posteriori, porque la relación entre significado y significante no es estática: todo el tiempo se está moldeando y readaptando al contexto que lo constituye.
Es fácil verlo con dos perspectivas:
La guerra es un bello recuerdo revolucionario en pro de la libertad (supongo) para el país ganador, pero el mismo momento será una trágica historia de derrota y abuso de poder para el país que perdió.
Lo curioso es ver esta resignificación de emociones dentro de un mismo sujeto.
¿O no?
Heráclito es un filósofo presocrático (vivió antes que Sócrates) el cual postulaba que el mundo era constante cambio y movimiento, y que la estática no era más que una ilusión resultante de dos fuerzas en movimiento opuesto chocando y neutralizándose entre sí.
Quizás lo conocerás mejor por su frase:
“Un hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río, porque no es el mismo río ni el mismo hombre.”
Y he aquí la respuesta: no puedes encontrar a un mismo hombre dos veces, ni siquiera en la misma persona, porque todo el tiempo, como seres, estamos en constante cambio, y nuestros recuerdos y emociones, ligados a nosotros, tienen el mismo destino de cambio.
Y dependerá de las condiciones materiales que moldeen ese cambio, si los recuerdos pasarán de buenos a malos o de malos a buenos.
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